Los vi por primera vez hace unos años ya, en uno de mis tantos viajes de exploración alrededor del mundo. Vivían a unos kilómetros al este de la ciudad en la cual habíamos parado a reabastecernos. Aún nadie se había molestado en documentarsobre su cultura, siquiera su existencia. Así que aproveché los días en la zona para estudiarlos.
No fue difícil. Son personas muy amables y hospitalarias. Esto, claro, si uno no llega a la villa en la hora del almuerzo. No es por el detalle de que son caníbales, es por el hecho de que su religión les impide almorzar. Por eso, cuando uno llega a la hora del almuerzo, no lo invitan con nada de comer y así dan una primera impresión bastante negativa.
Este impedimento está bien claro en los escritos que dejó su profeta hace miles de años. Claro que a decir verdad no son escritos sino dibujos. Dichos dibujos son interpretados por los sacerdotes, los cuales repiten la interpretación de sus antecesores generación tras generación. Esto causó una vez que un sacerdote obeso, con problemas de ansiedad y angustia oral, interpretara que debía comerse el doble en los almuerzos, y así se hizo toda una década. Pero es un hecho que todos desean olvidar; período oscuro le dicen.
Tan clara está la prohibición que dice así: “no ingerirás alimentos luego de las 11 y antes de las 15, incluso si has perdido tu reloj y no puedes saber con exactitud qué hora es”. Al parecer el padre de este profeta, era relojero, y le enfermaba que la gente perdiera sus relojes.
Estuve entre ellos cerca de 3 días. Comiendo luego de las 15hs, claro, obligándome a cortar una tradición familiar casi sagrada como lo es la del almuerzo puntual. El hecho de menospreciar siglos de herencia filial, hizo que acabe sugiriendo que quizás los dibujos estaban incompletos, o tenían errores gracias al paso del tiempo y la erosión natural de la roca en la cual se encontraban. Les comenté que podría ser que su profeta se refiriera a ciertos alimentos, y no a todos. Quizás antes de que la lluvia y el viento convivieran con la roca tantos años, la regla dijera “…alimentos dulces…” o “…alimentos livianos…” o secos, o duros, o con mucha grasa, vaya uno a saber.
Mi teoría de la falta de dibujos en la roca fue bien aceptada por la plebe, y en poco tiempo pedían a gritos comer al mediodía. No resultó así con los sacerdotes, que modificaron la interpretación, agregando unas líneas que decían algo como “A menos que haya algún extranjero rico en proteínas para cocinar en puchero”.
Mis estudios en esos 3 días no se redujeron a los asuntos alimenticios en la villa, pero el hecho de salir corriendo con cientos de personas hambrientas pisándome los talones, hizo que dejara atrás parte de mi equipaje, entre ellos mi diario, repleto de curiosidades acerca de esta gente. Una lástima realmente. Sobretodo porque ahora, cada explorador que se interesa por ellos, termina interiorizándose en el tema más de lo que le gustaría a cualquiera.
Elías
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Un cuento divertido, me gusta el estilo de escritura.
saludos
Además un tema interesante acerca de la leyenda y la interpretacion