Mensajes que intentamos captar
Ocultos a la vista, llenos de colores.
Mensajes que no podemos descifrar,
Que nunca vamos a entender…
El alma es el sobre. Lleva la carta
Que nuestros sentidos redactan con pasión.
Nuestra mente interpreta
No en vano, pero sin conclusión.
Todo está encriptado, pero no siempre lo sabemos. A veces sólo nos damos cuenta cuando una partecita del mensaje es evidente… o sea, muy tarde. Una señal, una sonrisa, una entonación, un acto…
El mensaje está escrito, y se sigue escribiendo. Mensajes hay muchos, pero sólo conocemos uno: el nuestro. Nunca sabemos qué se escribe en el pergamino, pero sí por qué. Cada letra es grabada en nuestro ser: cada letra es un pensamiento, cada estilo es una emoción, cada descripción es un acto.
Cuando vivimos, el mensaje se escribe.
Nuestro mensaje está encriptado, y no siempre lo sabemos. Conocerse es intentar desencriptar el mensaje.
Los otros mensajes asoman malinterpretados como fragmentos de nuestro mensaje para pasar a ser una parte nuestra. El mayor error está, por lo general, en intentar descifrar esos mensajes de la misma manera que el nuestro: a veces porque no distinguimos dos mensajes, a veces por falta de recursos.
No siempre intentamos descifrar el mensaje, pero no por eso desaparece.
Tampoco sé por qué algunos intentan descifrarlo; dicen que una maldición caerá sobre todos aquellos que lo logren, aunque creo que eso lo dicen los que descubren lo triste que puede llegar a ser el mensaje que creen estar descifrando.
Los que dicen haberlo logrado, afirman que del otro lado hay compasión y bondad. Yo, ante la duda, elijo creerles a ellos.
Highlander
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