julio 22nd, 2009

Hoy finalmente me di cuenta, finalmente lo noté: conozco a mi asesino. No solo lo conozco, sino que quien ha de matarme eventualmente, es un gran amigo. Pero qué puede hacerse, uno no puede deshacerse de un amigo, de un amigo que ha estado siempre, en las buenas y en las malas, en el frío invierno y en el abrasador verano.

Nos conocimos ya hace muchos años, en unas vacaciones de verano, nos presentó un amigo en común. No fue algo instantáneo, al principio no sabía realmente si quería ese tipo de amistades, pero luego, luego fuimos inseparables. Su amistad, o talvez amor, es incondicional, no pide nada a cambio y no se queja si lo dejo de lado en algún momento, parece el amigo ideal, ese que todos queremos.

Él es como el ave Fénix, resurge de la cenizas luego de cada encuentro que tenemos. Nuestros encuentros son tan breves como apasionados y él es quién paga las consecuencias de ese calor. Muere, para luego renacer como si nada hubiese pasado y como si no tuviera ningún recuerdo de nuestro encuentro anterior.

Últimamente cada vez más gente parece tenerle un particular odio al pequeño personaje y hacen parecer lo nuestro un amor prohibido. Es tan así, que muchas veces tenemos que escondernos para estar juntos, recovecos de edificios, escaleras oscuras y todo otro tipo de lugares en apariencia inapropiados, sirven de refugio para nuestro obsceno amor.

Siempre vestido de blanco, parece tan puro e inofensivo. Es increíble que quiera matarme. Es increíble que talvez lo logre. En nuestra relación él siempre ha parecido ser el sumiso, el que hace lo que yo quiero. Pero talvez esto sea exactamente al revés y yo recién ahora me esté dando cuenta. Él parece tener un omnipresente control sobre mi y no me asusta, aunque siento que debería.

Qué se hace en un caso como este, es todo un misterio. Hay quienes dicen tener la receta, la fórmula mágica, para deshacerse de este tipo de “malas juntas”, diría una abuela. Pero yo no sé, no sé si quiero perderlo, porque entonces él quedaría solo y yo también. La soledad es lo que más no aterra a todos. ¿No?

Estoy llegando al banco, ahí no se puede fumar, tendré que tirarlo al piso y pisarlo. Un día lo tendré que apagar para siempre, pero no hoy. Hoy cuando salga, el resurgirá de las cenizas y me acompañará una vez más.

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One Response to “MI ASESINO”

  1. Joaquin dice:

    No es un mal cuento, aunque con las dos primeras oraciones supuse que era yo mismo mi propio asesino.. capaz que es porque soy fumador..