Él se despidió de todos. Victoria lloraba desconsoladamente, Joaquín estrechó su mano y Sofía lo abrazó. Yo, inmóvil miraba sus ojos negros ahora clavados en mi. Él estaba tan alto, tan fuerte, tan imponente, tan solemne, como siempre. Sus grandes manos ahora transformadas en un puño, reprimiéndolo todo; él no se permita flaquear, no ahora. Los recuerdos de ese verano supuraban nostalgia haciendo aún más difícil su partida. (más…)